La piñata de Vallecas

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La “mochila-bomba” aparecida en Vallecas reúne más condiciones para ser un señuelo que para no serlo: ni se pudo acreditar de forma alguna su procedencia ni se pudo acreditar la presencia de algunos de sus componentes en los focos de las explosiones (teléfono móvil y kilos de metralla). Es más: las autopsias acreditaron una a una la total inexistencia de metralla en las victimas. Por las mismas razones, la lógica impide concluir que la composición de esa bolsa sirva de modelo para los artefactos de cada uno de los focos.

Si se trató de un señuelo no cabe más opción, en cuanto al propósito del engaño, que la de ocultar el contenido real de los artefactos que explosionaron.

Decir que el sistema de activación fue un teléfono móvil en lugar de los habituales temporizadores facilitó generar un hilo conductor del que ir sacando personajes con total comodidad. Pudo ser un buen motivo para crear un señuelo.

Creer que se utilizaron teléfonos móviles en lugar de temporizadores, en artefactos que pueden fallar, es creer que quienes crearon los artefactos eran idiotas, que quizá, pero poco probable.

La presencia de metralla en el modelo propuesto por la Instrucción del sumario lo único que señala es un parcial desconocimiento sobre el contenido real de los artefactos, por parte de los constructores del señuelo.

Por tanto queda el componente más polémico y que produjo mayor controversia durante la instrucción y el juicio: el explosivo.

Es conocido que el peritaje ordenado por el tribunal resultó arduo ya que, entre otras cosas, de las aproximadamente 9 toneladas de restos que se hicieron desaparecer, además del vagón entero del foco de Santa Eugenia, -que mantuvieron oculto- las muestras que se entregaron a los peritos para poder determinar el explosivo utilizado, consistieron en algunos clavos y tornillos lavados previamente con acetona, y un poco de polvo de extintor, sin hablar de un supuesto “apagón” que impidió ver grabado con las cámaras -que ordenó colocar el tribunal para supervisar la pericia- como se produjo una supuesta contaminación de esas muestras.

Resultó chocante la ansiedad de los fiscales de la causa, Sánchez y Zaragoza, insistiendo en que el explosivo era “Goma2Eco ¡y vale ya!” o que “daba igual el tipo de explosivo utilizado”.

También llama la atención los matices empleados en la esmerada redacción de la sentencia (página 539), para insistir en que se trató de Goma2Eco al decir que “en todas las muestras” apareció dibutileftalato > 1% y que “en todos los focos” apareció nitroglicol > 1% (componentes que si aparecen en la Goma2Eco y no en Titadyne) mientras que sobre la presencia de este último habla de existencia de dinitrotolueno “en varios focos < 1% y nitroglicerina “en un foco de explosión” < 1% siendo dinitrotolueno y glicerina componentes de Titadyne y no de Goma2Eco.

El peculiar matiz consiste en que el dinitrotolueno, -componente de Titadyne y no de Goma2Eco- apareció no en “varios” sino en todos los focos.

La insistencia en que era Goma2Eco se respaldó institucionalmente al aparecer un artefacto con ese explosivo el 2 de Abril del 2004 en la vía del AVE en Mocejón, y el mismo explosivo y envoltorios al día siguiente en un piso que explotó en Leganés, donde se encontraron restos humanos.

Ergo, si la bolsa de Vallecas y los explosivos aparecidos posteriormente eran un señuelo para ocultar el tipo de explosivo y ese señuelo fue refrendado por la Instrucción y el Tribunal, cabe asegurar dos cosas:

  1. Que el explosivo usado en los trenes no fue Goma2Eco.
  2. Que el tipo de explosivo que realmente se utilizó podía señalar hacia la identidad de los autores. ¿O acaso cabe otra posibilidad?

Excluido por tanto Goma2Eco, los tipos de explosivo que en esas fechas eran susceptibles de ser utilizados en España, y sus adjudicatarios posibles, eran Titadyne (ETA), C3 o C4 (de uso militar), o tipos caseros como ANFO (delincuencia común, yihadistas incluidos), pero tanto la instrucción como la prueba pericial no consideraron -aparte de Goma2Eco- más opciones que la de Titadyne, lo cual era lo mismo que una firma con el sello de la banda. ¿Habría sido cosa de ETA?.

En la sentencia del 11-M (páginas 586 y 587) y pese a que no está juzgando a ETA, y aprovechando una amplia tesis de la defensa de Jamal Zougam, el tribunal aporta 9 pruebas, incluida la declaración de “tres miembros de ETA y de toda la cúpula policial” para avalar que ETA no pudo cometer los atentados.

Diez años después, en una entrevista en un periódico español, el presidente de ese Tribunal sigue insistiendo: “[ETA]«No tiene nada que ver con este atentado. No es que tenga una convicción firme y sólida, es que hay siete informes y cinco testimonios»”, si bien lo declara al tiempo que -en la misma entrevista- afirma desconocer quien ideó el atentado. Es decir, no sabe quien lo ideó, pero si sabe que ETA no lo hizo.

En plena entrevista, el juez no se resiste y le pide al periodista que se fije “porque hay similitudes curiosas”, y le dice:

“Tres meses antes, el 24 de diciembre de 2003, ETA puso una bomba: 50 kilos de dinamita en el expreso Irún-Madrid. Tres meses antes, el 24 de diciembre de 2003. Y por un procedimiento churrigueresco que es meter los terroristas una maleta, colocarla delante de un asiento y bajarse. Fíjese, porque hay similitudes curiosas, y estoy mencionando a ETA aposta en este atentado porque es lo que nos indujo a todos a pensar que era ETA. En este atentado, la maleta con 50 kilos de dinamita, según todos los expertos, nunca habría explosionado.
¿Sabe usted por qué? Porque el temporizador no tenía pilas”

En este caso la adjudicación inmediata a ETA del artefacto de Diciembre, fue debida a que se trataba de Titadyne  (aunque el juez en la entrevista dice “dinamita”) y el Titadyne en atentados en España es una especie de firma de ETA.

Por tanto, el artefacto del tren en Diciembre también resultó ser un señuelo que permitió apuntar hacia ETA en los atentados del 11-M. Si -además- en las explosiones también hubiera aparecido Titadyne en lugar de Goma2Eco, nadie habría dudado que ETA estaba detrás de los atentados.

Parece que el señuelo de Vallecas, dado que ocultaba la presencia de Titadyne, lo que quiso ocultar era que los atentados apareciesen firmados por ETA., es decir, lo mismo que la insistencia del Tribunal en la sentencia, y la de su presidente durante la entrevista de 2014. Esa insistencia en exonerar a ETA parece que trata de evitar el perjuicio que se produciría si los atentados hubiesen logrado que se culpase a la banda; perjuicios que a fecha de hoy cabe pensar que han sido evitados al no aparecer la firma de ETA.

En cuanto a quién pudo llevar a cabo esos atentados hay varias creencias. Teniendo en cuenta que todo apunta a que lo que se quiere ocultar es la presencia de Titadyne, debemos pensar que es el explosivo que se utilizó, y en consecuencia en quién -o quienes- estuvieron en disposición de poder emplearlo. Desde luego tanto la insistencia en señalar a ETA con el señuelo de Diciembre -amén de los antecedentes de la banda- como la insistencia de las instituciones en exculparla, permiten apostar que nada tuvo que ver, y que sin embargo la identidad de los autores no debe ser conocida.

 

 

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