La carta robada del 11-M

¿Cómo consiguió la Policía, en escasas 36 horas, detener a Jamal Zougam por los atentados del 11M a partir de una tarjeta SIM sin dato alguno de titularidad?

¿Imagina que se desclasificara un documento oficial que demostrase que la Policía le contó una mentira al Tribunal al explicar cómo y con qué implicaron a Jamal Zougam con los atentados para proceder a su detención?

¿Y se imagina que ese documento oficial demostrase esa mentira del inspector que, el 28 de marzo de 2007, declaró bajo juramento ante el Tribunal cómo averiguó que la tarjeta 652 282 963 hallada en aquella bolsa -y otras 99 más-, habían sido adquiridas por Jamal Zougam en el establecimiento Sindhu Enterprise a partir de un documento que le mostraron en el establecimiento? (ver desde el segundo 650” en el vídeo https://youtu.be/3EY0hJAAixE?t=650s hasta el minuto 12)

El estupor del Presidente del Tribunal, cuando escuchó que lo que estaba declarando el policía y lo documentado en el sumario era totalmente diferente, fue tal que pidió al Secretario que mostrara al testigo el documento al que estaba haciendo referencia (el folio 1.840 del sumario, con el contenido de la página 61 de la libreta de contabilidad de Sindhu Enterprise) y solicitó al inspector que leyese en voz alta lo que realmente estaba escrito en el documento referido en su testimonio. (mismo vídeo a partir del segundo 2772 https://youtu.be/3EY0hJAAixE?t=2772s)

El Presidente, que no salía de su asombro al escuchar como el inspector leía en voz alta el contenido real del documento, dejando evidencia de que era falso lo que había declarado minutos antes como el dato que acreditaba la relación de Jamal Zougam con los atentados, no pudo por menos que pedir un receso de 20 minutos. Después la vista oral continuó.

Y así 216 días después, ése mismo Tribunal declaró en su sentencia que aquél documento, que no contenía ninguna referencia a la tarjeta 652 282 963 ni al locutorio de Jamal Zougam como había jurado el inspector, constituía pieza de convicción del testimonio de los empleados de Sindhu Enterprise, previamente declarados testigos protegidos, para dar validez al testimonio de que Jamal Zougam había adquirido aquellas tarjetas.

Si siente curiosidad sobre la desclasificación del documento entonces debe saber que ése documento no va a poder ser desclasificado jamás. Y la razón es muy simple: lleva ya más de 18 años expuesto al público porque jamás fue clasificado como secreto.

Lo ocurrido confirma la idea de Edgar Allan Poe en “La carta robada”: que una manera efectiva de hacer invisible algo es ponerlo a la vista de todos.

Como ha podido leer, no hay documentos “clasificados” sobre la construcción de la versión oficial. De lo que sí los hay es de qué sucedió en realidad. Y esos, vaya haciéndose a la idea de que no pueden -ni podrán jamás- ser desclasificados.

Durante la Comisión de Investigación del Congreso sobre el 11 de marzo de 2004, fueron conocidos una serie de curiosos detalles sobre la relación del sirio Abdul Khalek Al Jondi con la trama expuesta como responsable de la masacre, hasta el punto que aquí dejamos como muestra del tipo de información que sí está “clasificada” en el caso 11-M: la condición de confidente de la Policía Nacional de Abdul Khalek Al Jondi.


¿Y quién es y que pinta ese personaje en el caso 11-M para que sea un secreto su condición de confidente de la Policía Nacional?



Antes hagamos un breve recordatorio del origen de esa tarjeta SIM.

Los objetos personales procedentes del atentado en la estación de El Pozo, una vez comprobados por los artificieros como de no riesgo, y antes de ser inventariados, realizaron 4 viajes de varios kilómetros por amplias zonas de Madrid custodiados por agentes de Policía hasta finalmente ser depositados en la comisaría de Puente de Vallecas.

Horas después del último viaje, y en aquella comisaría, fue hallado entre los objetos un artefacto de 12 kilos de peso dentro del cual estaba la tarjeta SIM de prepago de la compañía Amena con el número 652 282 963.

Bien: pues Abdul Khalek Al Jondi, alias Abdu Mahmoud, alias Abu Mahmud Al Jundi, alias Abu Mahmud Al Homsi, viejo conocido de la Unidad Central de Información Exterior de la Policía Nacional (UCIE), la misma Unidad que investigó el caso 11-M e implicó a Zougam en los atentados, era conocido de la UCIE desde al menos 2001, como colaborador de Abu Dahdah, el líder español de “la célula española de Al Qaeda” durante la “operación Dátil” de la UCIE.

Fue él quien tan solo 7 días después de la detención de Zougam, -acusado de haber comprado la tarjeta que había en el artefacto de la comisaría-, acudió voluntariamente a la UCIE para decir que quería ayudar porque se dedicaba a la venta de tarjetas de Amena y que él le había vendido algunas de esas a “El Tunecino” (alias de un cadáver que apareció en Leganés).

La UCIE comprobó durante la Instrucción que tarjetas a nombre del sirio o de su mujer las usaron otros miembros de la trama, todas ellas con número de serie 645655* o bien 645658*. Y fue una de ellas la que utilizó la propia UCIE para contar una historia fantástica de cómo fue descubierto el piso de Leganés.

Tres días antes de que el sirio fuese a declarar en la UCIE (17 de marzo), tomaron declaración a un dependiente de Jamal Zougam al que preguntaron expresamente:

«Para que diga si en los últimos treinta días tiene conocimiento de que hayan vendido a un único cliente, varias tarjetas»

y contestó

«Que desde hace unos dos meses acude con asiduidad a la tienda un
individuo con acento irakí de 1.80 metros de altura de unos 48 años de edad, de complexión fuerte, con bigote, con pelo liso corto, sin gafas, vistiendo de sport con chaqueta o cazadora, que en alguna ocasión ha acudido portando una carpeta tipo portafolios de cuero, el cual venía solicitando la compra de tarjetas AMENA con número de fácil memorización en cantidades que oscilaban entre diez, la primera de ellas, y otras de cuatro o cinco…»

Aunque la detallada descripción que hizo el dependiente coincidía de pleno con Abdul Khalek Al Jondi, y la UCIE disponía de fotografías del mismo, obviaron mostrarle álbum alguno.

Lo dicho por el dependiente encaja con el oficio que el 30 de marzo remitió el comisario JMGG al Juez Instructor, informando que la tarjeta 645658495 (que en Amena figuraba a nombre de la mujer de Khalek Al Jondi) formaba parte de un lote adquirido por el locutorio de Jamal Zougam. Un detalle importante si se tiene en cuenta que el relato de Khalek Al Jondi asegura, sin poder demostrarlo, haber comprado esas tarjetas en una tienda distinta de la de Jamal Zougam.

También fue esa tarjeta 645658495 la utilizada por el comisario RGM para narrar una versión trepidante y fantástica del descubrimiento del escondite de los terroristas en Leganés, atribuyendo ése número a Mohamed Belhadj.

El 17 de noviembre de 2005, una de las acusaciones particulares presentó alegaciones ante el Juzgado Instructor en las que, a la vista de los indicios en torno a Abdul Khalek Al Jondi, solicitaba una serie de medidas, entre ellas:

  • Que se le tomara declaración como imputado.
  • Que se tomase declaración al dueño de la tienda en la que dijo haber adquirido las tarjetas.
  • Conocer su relación con los imputados a través de las tarjetas telefónicas .
  • Una pericial de voz para ver si fue él quien el 29 de febrero habló con «El Chino» investigado por la UDYCO por tráfico de drogas (día del supuesto viaje con explosivos de otro «El Chino» del 11-M desde Asturias).
  • Su condición de confidente de Policía Nacional

Todas ellas fueron desestimadas.

¿Por qué mintió el inspector?

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