El testigo ultraligero

La masacre cometida en Marzo de 2004 en Madrid, fue seguida de un procedimiento judicial que contenía investigaciones policiales.

Esas investigaciones sirvieron para establecer una serie de hechos tenidos como ciertos.
Uno de esos hechos establecidos por aquellos policías fue que el cabecilla de la mano de obra utilizada para la matanza era moro, se llamaba Jamal Ahmidan y que conspiró en un chamizo ubicado en una finca rústica en el término municipal de Morata de Tajuña.
Y para reforzar esa afirmación, la policía consiguió, e incorporó al sumario, la declaración de un testigo que afirmó haber visto físicamente al citado moro en el citado lugar. Esa declaración es relevante por tratarse del único testimonio de la existencia y presencia de Jamal Ahmidan en la finca… que no procede de un imputado.
También resulta sobresaliente por formar parte del conjunto de sucesos físicamente sorprendentes descubiertos durante la investigación.

El testigo, que responde a las iniciales A.G.S., había sido contratado como conductor de reparto en un almacén de material de construcción sito en la localidad de Rivas-Vaciamadrid, precisamente el mismo día (20 de Febrero de 2004) en que -según él- Jamal Ahmidan acudió a ese almacén para encargar unos materiales.

Afirma A.G.S., que el mismo día de su alta en la empresa, pudo observar a un cliente que hacía un pedido al encargado, y que al día siguiente, ese mismo encargado le ordenó llevar el pedido para dicho cliente. Para el transporte, siguió con el vehículo de reparto al coche del cliente, que le condujo hasta una finca en Morata de Tajuña.
Continúa explicando en su declaración que, una vez descargado el camión, éste quedó atascado en el barro, y que el cliente les llevó (al declarante y otro empleado apodado Piolín) en un coche hasta una gasolinera en la autopista Valencia-Madrid.
A.G.S. aporta información sobre otras 5 o 6 personas más que vio en la finca a las que dice que podría reconocer sin duda, así como marca, modelo y color de dos coches que observó en la finca. El que utilizaron para llevarle hasta la gasolinera y otro más.

Sin duda, A.G.S. se mostró como una persona muy observadora y buen fisonomista, porque no sólo había transcurrido ya algo más de un mes desde los hechos, sino que cuando declaró, fue capaz de reconocer a Jamal Ahmidan en una fotografía que le mostró la policía, y que procedía de una reseña tomada 12 años antes.

La casualidad de entrar a trabajar el mismo día del encargo… coincidir en estar presente cuando llega el cliente… la memoria… la capacidad fisonomista… puede formar parte de las casualidades de la vida… mientras no comencemos a hacernos algunas preguntas elementales y observar algunos pequeños detalles sobre la oportunidad del testigo.

Por ejemplo: ¿cuándo y cómo conoció la policía que Jamal Ahmidan había comprado materiales en ése almacén? o ¿por qué la policía se interesó por la declaración de A.G.S. y no por la del encargado? o ¿por qué no tomaron declaración al empleado del almacén que acompañó a A.G.S. a la finca y que respondía al apodo de Piolín?

Si nos atenemos a lo que cuenta el sumario, en la mañana del 26 de Marzo la policía conocía ya la dirección de la finca antes de las 11 horas, y hasta las 16:05 no comenzó el registro de la misma. Parece que no tenían prisa alguna ni confianza en encontrar allí a los terroristas, ya que a diferencia de lo ocurrido con el piso de Leganés, ni siquiera llevaron a los GEO (fuerzas especiales de asalto), ni tampoco acudieron los altos jefes de la policía o las cámaras de televisión.
Cabe pensar que algún detalle encontrado en la finca les condujo hasta el almacén de materiales, contactaron con el encargado, este les facilitó el nombre de A.G.S., le citaron o le fueron a buscar y prestó declaración en las oficinas de la policía.

La única circunstancia que impide creer tal cosa es que el registro comenzó a las 16:05, y es de suponer que algún tiempo debió transcurrir antes de encontrar la pista del almacén, luego se contactó (supuestamente) con el almacén, se localizó al encargado y luego a  A.G,.S., se trasladó éste y comenzó a prestar declaración en las oficinas del complejo policial de Canillas sólo 35 minutos exactos después: a las 16:40. Y teniendo en cuenta que si A.G.S. estaba en el almacén se encontraba a unos 20 minutos de Canillas, y si estaba en su domicilio a unos 35, lo contado resulta no creíble. Entre otras cosas porque en absoluto urgía una declaración que ubicase en la finca a Jamal Ahmidan, por una sencilla razón: en la solicitud del mandamiento de entrada y registro de la finca, la policía ya especificó que se trataba de “el domicilio de Jamal Ahmidan”. Entonces ¿a qué esas prisas por algo ya sabido?.

Pero no acaban ahí los detalles.

La policía adjuntó a la declaración de A.G.S. un albarán que solicitaron vía fax al almacén, en el que constaba un pedido de materiales y puede verse manuscrito el teléfono 665040605, que es uno de los asignados por la policía a Jamal Ahmidan, lo que pudiera ser considerado como prueba de que el moro hizo el pedido tal y como declaró el testigo; pero ese albarán no lleva fecha del día 20 sino… del día 19.

Tal y como queda documentado en el sumario, los desafíos a las leyes relativas al espacio-tiempo son prodigiosas.

Sin duda, no faltará quien intente considerar que A.G.S. se equivocó sobre la fecha en que comenzó a trabajar en la empresa, o que los policías se equivocaron al escribir las horas de comienzo del registro o de comienzo de la declaración del testigo.

O quien lo considere un testigo ultraligero.

Lo cierto es que a lo largo de todo el sumario los sucesos espacio temporales resultan asombrosos. Por ejemplo, en el folio 1367 cuatro policías certifican que a las 15:15 horas del día 12.03.04 han detenido a unos hindúes a los que acusan de vender unos terminales telefónicos… siguiendo la pista de las declaraciones hechas por su proveedor el día 13.03.04.

No, si al final los centrinos van a resultar ser una minucia.

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